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¿Cuándo comprar un teléfono móvil a tus hijos?

Martes, 23 de abril de 2013 6 comentarios

Teléfono de jugueteUna de las preguntas más complejas que los padres tienen que responder tarde o temprano es cuándo es el momento de comprar a sus hijos un teléfono móvil.

Personalmente, es una pregunta que me resulta difícil responder y que no sé si concitará consenso entre los padres.

¿Sabías que existen muchos teléfonos comercializados para niños de 3 a 8 años de edad? Como ejemplo, se puede echar un vistazo a la página de Teddyphone.

¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Puedes ayudarnos a responder la pregunta Cuál es la edad ideal para que un niño tenga su propio teléfono móvil?

¿Con cuál de estas ideas te sientes más identificado?

A- Los niños no necesitan teléfonos móviles hasta que se sacan el carnet de conducir. La única razón por la cual un móvil puede ser necesario es para llamar a la grúa o en caso de accidente.

B- Cuando sea más práctico para el padre que su hijo tenga móvil. Así evita volverse loco intentando localizarle en casa de  otros padres, o contactando con el colegio, etc…

C- Cuando recoges o dejas al niño en sus actividades o clases extra-escolares y necesitas contactar con ellos para decirles que vas a llegar tarde o para avisarles que ese día les pasará a recoger su tío.

D- Cuando el niño es lo suficientemente responsable como para no perderlo.

E- Cuando el niño pueda permitirse pagar su propio teléfono móvil.

Niño al teléfono

¿Cuántas generaciones han aguantado perfectamente sin los teléfonos móviles? Dirás: pues las mismas que no se abrochan el cinturón de seguridad y no han tenido ningún accidente, o igual que las que han sobrevivido sin Internet o calculadoras. Pero no se puede luchar contra el progreso …

Adolescentes
Así que, sinceramente, ¡necesitamos tu ayuda!
¿Puedes elegir una opción o enviarnos tu opinión sobre esta cuestión?

Espiar a los niños: No se trata de sí o no, sino de ¿cuánto?

Jueves, 26 de julio de 2012 4 comentarios

Publicado por Ana Etxebarria, 26/07/2012

Hace pocos días viví una situación a la que casi todos los padres nos vamos a enfrentar, sobre todo cuando nuestros niños entran en la adolescencia.  Uno de mis sobrinos presumía en una red social de haber tomado su primera copa y fumado su primer cigarro. 12 años.  Aún no sé, y no sé si lo sabré nunca, si se trató de una bravuconada de niño grande o de un hecho real. Pero sea como fuere, esto dio lugar a un gran dilema familiar de compleja solución:

¿Debemos espiarles o no?

En un mundo en el que a los seis años juegan online con desconocidos, a los 10 tienen sus propios smartphones y a los 13 (o menores) tienen perfiles en Facebook, puede parecer tentador pensar que el espionaje es la mejor arma que tenemos los padres para defenderles de cualquier potencial peligro. Ahora bien, para ser justos, los niños deberían saber siempre que les estamos espiando. Es decir, seríamos esos incómodos e indeseados “amigos” cuya invitación no les queda más remedio que aceptar. Como comentamos aquí mismo hace algunos meses en Mamá, ¿me estabas espiando?, si éste fuera nuestro caso, al menos no olvidemos respetar la “etiqueta” con ellos.

¿Cuánto debemos espiar a nuestros hijos?

¿Cuánto debemos espiar a nuestros hijos?

Además, plantearles ser sus “amigos” en Facebook es una forma de espionaje verdaderamente sutil y honrada. Un paso más allá van esos programas que nos permiten saber con exactitud los contenidos de los SMS que intercambian con sus amigos, las páginas exactas por las que navegan y el tiempo que pasan en cada una de ellas o los diálogos de los chats que mantienen.

Ahora bien, esta actitud choca frontalmente con el concepto de padre que por naturaleza confía en su hijo, que lo educa para ser un adulto responsable, y que considera que sin motivos no hay nada que justifique una intromisión de este tipo en la vida privada de cualquier persona, y mucho menos de sus hijos. El objetivo de este segundo grupo, quizás a veces poco realista, no es hacer caso omiso de los hábitos de sus hijos cuando estos están online sino  limitar el uso de todos los aparatos electrónicos al máximo y postponer la compra de smartphones todo lo que sea posible. Fomentar actividades de exterior es desde luego una saludable forma de vida y hace que el tiempo que se pasa en internet sea menor y por consiguiente disminuyan los riesgos que la red conlleva.

Pero, entonces, ¿Quién tiene razón? ¿Quién está equivocado?

Yo creo, que al igual que en cualquier otro aspecto de la vida, el sentido común es la única  herramienta que se debe aplicar. Para criar niños seguros de sí mismos y autosuficientes, lo que al final es el principal deseo de cualquier padre, hay que saber mezclar bien todos los ingredientes. En el fondo, un padre no es muy diferente de un cocinero y para que un guiso esté sabroso tiene que llevar un poco de todo y cada cosa en la cantidad adecuada. Hay que vigilar los tiempos de cocción pero también dejar que se haga a su ritmo. Y por supuesto, cada  cocinero tiene sus trucos y ningún plato queda siempre igual.

¿Qué opináis vosotros?

YouTube, ¿el nuevo Gran Hermano?

Martes, 20 de diciembre de 2011 Sin comentarios

Publicado por Ana Etxebarria

Hace un par de fines de semana mi familia “sufrió” un viaje en coche de más de seis horas. Aunque en el coche no tenemos sistema de DVD, el viaje fue menos terrible de lo esperado gracias a que los niños llevaban casi desde el principio nuestros iPads. Con sus 6 y 5 años saben ya perfectamente jugar o buscar vídeos en YouTube. A partir de ese momento, y durante un buen rato no hubo más niños.

Más tarde me di cuenta de que lo que yo pensaba que era un rato jugando o viendo vídeos, había sido en realidad un rato ¡¡filmando!! vídeos. La nuca de su padre y la mía, junto con nuestra cháchara  intrascendente, habían sido lo que había tenido entretenida a la niña durante un buen rato. Por supuesto, no había ningún contenido censurable, a pesar de que nosotros creíamos que los niños viajaban concentrados en sus juegos.

Esta anécdota me ha hecho recordar dos casos recientes de padres en YouTube. Uno de ellos salió hace no mucho en todos los telediarios y muestra a un padre, de profesión juez,  pegando a su hija. La entonces niña agredida, lo publicó con la intención de dar a conocer el abuso y evitar que su hermana pasara por lo mismo. Su enorme repercusión  llevó a la sociedad a condenar la conducta del padre y la polémica terminó con una orden de alejamiento de la hija menor.

El segundo, es un vídeo mucho más breve y tierno en el  que se ve a un perrito reaccionar ante la rabieta de un niño, imitando sus lloros. Los espectadores pueden escuchar a la mamá del bebé riéndose mientras lo graba. Éste es el vídeo

Pero este vídeo también tuvo su respuesta airada en Internet y mientras que la feroz reacción de la sociedad al primer vídeo es fácilmente justificable, algunos comentarios sobre el segundo no lo son tanto, al menos en mi opinión.

La mamá se sintió agredida personalmente y se vio en la necesidad de publicar una respuesta en un blog en la que habla del impacto inesperado del vídeo, y de los comentarios anónimos que en algunos casos la tachan de mala madre por no hacer “nada” mientras el bebé llora. Esto es un extracto de su carta:

“Al principio estaba furiosa – Es evidente que esta persona no tiene hijos, ya que si no sabría que educar a un niño de 2 años no consiste en cogerle en brazos cada vez que tiene una rabieta. Espera… ¿quiere esto decir que la gente va a pensar que soy un mala madre después de verlo? Pues se acabó, no más vídeos. ¿Qué pasa si los servicios sociales se presentan en mi casa y me dicen que después de haber visto el vídeo estoy criando a mi hijo incorrectamente? ¿Me podría defender?

Y la pregunta es justo esa. ¿Podría?, ¿Debería hacerlo?

En el caso del juez Adams el vídeo mostraba el abuso. Es bueno que los abusadores sepan que deben estar preocupados. Pero, ¿debemos los demás estar también siempre alerta?

Cada vez más YouTube es parte de nuestras vidas como padres. Se están subiendo videos continuamente y pronto, nuestros hijos podrán dar a conocer nuestra vida privada sin maquillaje de ningún tipo ni cortes de edición, y en ella quedarán reflejados nuestros discutibles métodos educacionales y cada uno de nuestros errores diarios.

¿Qué pasaría si mi hija hubiera grabado a escondidas mi estado de ánimo pesimista de esta mañana y lo hubiera enviado por correo electrónico a sus contactos? O bien, ¿qué pasa con los que yo considero los momentos alegres, como cuando mis niños juegan a hacer carreras alrededor de la manzana? Podría grabarlo y enviárselo a los abuelos, pero si la escena se retransmitiera en YouTube, otras personas podrían criticar de forma anónima mi decisión de dejarles gritar y correr. ¿Les habría dejado hacerlo si supiera que se iba a retransmitir?

¿Significa la era de la electrónica que los padres nos estamos convirtiendo en una especie de Show de Truman real criando a nuestros hijos en vivo y en directo, como si de Gran Hermano se tratase?

Si esto fuera así, ¿creéis que la pérdida de espontaneidad nos haría ser mejores padres?

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Los niños y las nuevas tecnologías, ¿cocktail perfecto o peligroso?

Miércoles, 14 de diciembre de 2011 6 comentarios

Publicado por Ana Etxebarria

Según dice un nuevo informe americano, los niños pequeños pasan el doble de tiempo frente a la tele, del que pasan jugando con libros… Esto viene a echar un poco más de  leña al fuego, al siempre actual tema de los niños y el uso que estos hacen de las nuevas tecnologías. Common Sense Media ha publicado un estudio que afirma que los niños utilizan los aparatos electrónicos a unos niveles asombrosos.

Según el informe:

  • Alrededor del 40% de los niños de entre 2 y 4 años y más de la mitad de los de entre 5 y 8 usan Smart phones, iPods, iPads o dispositivos similares.
  • Más de la mitad de los de 0 a 8 años tienen acceso a un dispositivo móvil, que bien puede ser un Smart phone, un video iPod o un tablet.
  • Más de un tercio de los niños de esta edad han utilizado uno de estos dispositivos, incluyendo el 10% de los de 0 a 1 años, 39% de los de 2 a 4 años de edad, y más de la mitad de los de 5 a 8 – años.
  • Los bebés y niños más pequeños pasan más del doble de tiempo frente a un aparato con pantalla (TV o DVD) que frente a un libro.

Para mi estos datos no tienen nada de sorprendentes. Si mi propia familia hubiera formado parte del estudio, los resultados del mismo no habrían variado ni una pizquita.

Además estos datos llegan justo en un momento en el que hay una gran polémica en torno a unas recientes afirmaciones de la  Academia Americana de Pediatría, que hablan de impedir que los niños más pequeños accedan a los medios electrónicos, incluso llegan a sugerir que los padres no vean la televisión si hay niños cerca…

Pero en vista de los datos que aporta el informe, parece muy complicado convencer a los padres actuales de que hay que impedir que los niños vean la tele o jueguen con un iPad. Puede que estemos centrándonos en la pregunta equivocada, más aún después de haber visto el vídeo de Youtube en el que un bebé intenta “leer” una revista de la única forma que sabe.

La AAP ha reconocido que el 90% de los padres de los niños menores de 2 años ya permiten un cierto tiempo de tele. Y, el informe de Common Sense sugiere que la mayoría de los padres somos permisivos con los medios electrónicos independientemente de la edad del niño. Tal vez sea hora de admitir que la pregunta ya no es si se debe permitir o no, sino ¿cuánto tiempo y qué contenido?

Los investigadores de la APP identificaron claras diferencias de comportamiento entre niños en edad preescolar que veían dibujos animados de actividad frenética y los que veían programas tranquilos y relajantes y descubrieron que sólo aquellos que veían los  programas con mucho movimiento parecían estar afectados negativamente. También hay que decir que el estudio fue criticado por muchos que cuestionaron su relevancia y señalaron que los dibujos animados de ritmo rápido a los que hacían referencia, Bob Esponja, están destinados a un público de más edad. Parece claro que Bob Esponja, o cualquier otro programa, juego o aplicación, no son malos en sí mismos, sino solo si se hace un uso inadecuado de ellos. Aquí hemos tocado una vez más el peligroso terreno del “sentido común” y  salta a la vista que muchos padres no son capaces de aplicar dicho sentido y de entender lo que es apropiado para cada edad. Dado que los “expertos” se cierran en banda y parecen criticar cualquier tiempo empleado frente a una pantalla, es difícil encontrar recomendaciones sobre qué programas y aplicaciones son las mejores.

Nuestros niños pasan tiempo frente a una pantalla de forma natural, para ellos es lo normal desde que nacen. Va con la época en el que les ha tocado nacer, intentar lo contrario sería navegar contra corriente. Pero si es cierto que los padres agradeceríamos más orientación sobre los programas que pueden ver, el tiempo que deben estar frente a una pantalla y cuáles son aquellos que más favorecerán su crecimiento cognitivo e intelectual.

¿Cuánto tiempo de pantalla se permite en su casa? ¿Qué tipo de programas y juegos se permiten?